miércoles 11 de noviembre de 2009

Extras

Mientras caes del decimo piso lo ves. Lo ves como podrías haber visto a través de las ventanas de tus vecinos las pequeñas tragedias cotidianas, los amores furtivos y los breves instantes de felicidad, como en el cuento de García Marquéz.
Pero no, ves tu vida pasar ante tus ojos como una película. Que poco original, que poco poético.

Shh, que empieza... Tu infancia, el instituto, el primer beso, el noviazgo, la ruptura, otro noviazgo, la universidad, el trabajo, la boda y el divorcio. El divorcio y el salto.
Pasas a los extras, actores: Juan Murillo (protagonista), Isabel y José Murillo (padres), Manuel Carrasco (mejor amigo), Laura Díaz (ex esposa)... y millones de figurantes.
Ves las escenas eliminadas, lo que desechaste de tu vida, lo que nunca has contado, ni siquiera a José. Demasiado metraje desaprovechado, piensas.

¿Pero quién es el culpable de esto? ¿Quién te ha dado un guión tan mediocre y cuál es su excusa?
Ojalá te quedase tiempo par ver los comentarios del director, pero que más da, ya hablarás con él en persona. Quién sabe, a lo mejor hay segunda parte.


martes 13 de octubre de 2009

Habichuelas

Jack se quedo un buen rato mirando a su padre, con la mano abierta, como si en ella estuviese la solución a todos sus problemas.

-¿Qué narices es eso Jack?

-Son habichuelas papá, habichuelas mágicas.

-Espero que no hayas sido tan tonto como para cambiar la vaca por eso.

Jack cerró la mano y la apretó contra su pecho, le costó reaccionar pero se mantuvo firme.

-Esto vale mucho más que una vaca, de estas semillas crecerá una planta enorme que nos elevará hasta al cielo.

-!Cielo santo, Jack! Acabas de perder lo poco que teníamos y todo por... por...

-Pero el que me las vendió dijo que vio un castillo enorme y un gigante y...

El padre de Jack contuvo las lagrimas y las ganas de darle un guantazo. Dándole la espalda a su hijo cogió las herramientas para labrar y se marchó hacía la casa.

-¿Entonces no te importa que las plante?

-¡Haz lo que te salga de las pelotas, Jack!

Cerró la puerta ante las narices del chico, que se quedó afuera haciendo hoyos. La mujer del granjero les había oído discutir.

-¿A qué viene este jaleo?

-¡A que Jack es tonto! ¡Acaba de cambiar la vaca por unas semillas mágicas que te llevan al cielo, donde hay castillos encantados y gigantes!

-¿Cómo? ¿Y qué ha hecho con esas semillas?

-Pues le he dicho que las plantase, que hiciese lo que le diese la gana, total...

Una bofetada le corta la frase.

-Flotar hasta el cielo, gigantes... ¡El único tonto eres tú! No sólo no te das cuenta de que el chico ha cambiado la vaca por marihuana, ¡además dejas que la plante en el jardín!

jueves 1 de octubre de 2009

La espera

Leire secuestrada, Leire perdida, Leire en un atasco, en la selva, en el fondo del mar…

Las imágenes se suceden en tu cabeza, tratando de explicar su ausencia. ¿Dónde estará? Dijo que vendría.

Sacas el móvil otra vez, sólo miras la hora, tienes miedo de llamarla: podría decirte que se ha vuelto a olvidar de ti y eso no lo aceptas, sólo esperas.

¿Pero a qué esperas? Te pasas la vida esperando, esperando en ese puto banco a Leire, a quién sea, ¿para qué tienes las piernas, viejo? ¡Levántate y echa andar!


Manda huevos, cincuenta años y ni una sola llamada perdida.


miércoles 16 de septiembre de 2009

La cena

Lo presiente, esta es la noche. En medio de la cena le hará la pregunta: ¿Quieres casarte conmigo? Ella dará un SI rotundo y se tapará la cara para ocultar las lágrimas de alegría y vergüenza. Los invitados aplaudirán, todo saldrá perfecto, perfecto.

-Kate, cielo, ¿por qué tardas tanto?

-Sólo me estoy refrescando, será un momento.

-Vuelve pronto, mis padres quieren darte la enhorabuena, la cena ha sido un éxito.

-¿En serio? He hecho lo que he podido… No me ha dado tiempo de llegar al supermercado, en el camino he atropellado a Red.

-¿Red? ¿El chucho de los Anderson?

-Todo ha sido un desastre, yo…

-No te preocupes, cariño, todo ha salido bien. Ahora volvamos al comedor, nos están esperando.


Los invitados reciben a la pareja con una ovación, Albert no mentía, la cena había sido perfecta.

Entre las últimas copas de whiskey y algún que otro puro, encuentra el valor que necesitaba para hacer la pregunta.

-Kate, ¿puedo preguntarte algo?

Kate contiene las primeras lágrimas.

-Pregúntame lo que quieras, cariño.

-Si no has tenido tiempo de llegar al supermercado… ¿Qué leches hemos cenado?

domingo 6 de septiembre de 2009

38

-¿A que no adivinas quién ligo anoche?

-¡Qué cabrón! Ya sabía que entre tú y Sara…

-No, con Sara no fue.

-¿Al final atacaste a Maite?

-Tampoco, fue con una rubia.

-¿Qué rubia?

-No me dijo su nombre.

-Por lo menos tendrás su número.

-Un 38.

-¿Cómo?

-Calza un 38, tengo su zapato.

-Su zapato…

-Sí, su zapato.

-¿No serás fetichista?

-Calla un momento y escucha.

El príncipe cerró la puerta de su cuarto, mirando antes a ambos lados del pasillo, no quería que nadie escuchase su historia, un solo despiste y sería portada del Hola.


-En resumen: vamos puerta por puerta hasta que aparezca una chica a la que le valga el zapato, la invito a tomar un café, nos enamoramos y vivimos felices para siempre.

-Vamos, lo típico. ¿Es qué no te acuerdas de su cara?

-Había barra libre

-Además, la 38 es una talla rarísima, seguro que nadie más la usa.

-Ya te vale, para una vez que tengo a alguien especial…

-Te tiene ella a ti: ¡ni te ha dicho su nombre y tú la intentas buscar con un puto zapato GPS! ¡Esto es muy friki!

Silencio.

-Mejor llamo a Sara.

-Eso, y de paso que se traiga a Maite.

jueves 18 de junio de 2009

Las muñecas

Nunca le gustó aquel desván, donde su madre pasaba las tardes. Tampoco le gustaban las decenas de muñecas apiladas en las esquinas, acechándola con sus ojos de botón.

¿Por qué hacía mamá estas cosas? –Se preguntó- me daban tanto miedo de niña, llegue a creer que me hablaban.

Una vez más recorre la habitación con la mirada, buscando un motivo para la afición de su difunta madre, pero sólo encuentra muñecas, más y más muñecas de trapo, algunas tan reales, tan familiares…

Esta noche, puede que se fije por fin en el hilo rojo enredado en su pendiente, que se lo quite con cuidado y tire, y tire, y tire hasta que ya no quede más hilo; hasta que se de cuenta de que se le ha descosido la oreja.


viernes 5 de junio de 2009

Venenos

El vagabundo saborea el exquisito dulce de higos, el bacalao con ciruelas y piñones, el solomillo de cerdo con puré de manzana… Está vez la crema de alcaparras está un poco sosa para su gusto.

-¿Y bien? – dijo el guardia real.

-Psé, las alcaparras algo insípidas, eso sí, el dulce de higos exquisito, me sabe a esas tardes en casa de la tía. Siempre haciendo dulces, esa pobre solterona…

-Llévaselo a la princesa y trae el siguiente.

El mayordomo obedece y lleva la bandeja al comedor real. La princesa mira el plato, que se ha quedado frío por la espera, y traga a disgusto.

El vagabundo sigue degustando un manjar tras otro, es su deber probar lo que va a comer la princesa, por si han envenenado alguno de los platos.

Carrilleras de ternera a la sidra, palito crujiente de boletus, cada bocado podría ser el último, Pana-cotta de queso, Charlotte de frambuesas… y una cereza, una última cereza para llenar la soledad de su garganta.

-¿Y bien?

- No está mal, sabe un poco al beso de aquel verano y quizás, sólo quizás, un ligero toque bromuro.

El mendigo se limpia los labios con la servilleta y se da por satisfecho, a pesar de ser tan pobre ha probado los platos más exquisitos del mundo.

Siente pena por la princesa, tan segura entre sus almohadones de cachemir, siempre rodeada de guardias.

La pobre nunca probará una comida caliente.