-¿Qué narices es eso Jack? -gritó su padre.
-Son habichuelas papá, habichuelas mágicas.
-Espero que no hayas sido tan tonto como para cambiar la vaca por eso.
Jack cerró la mano y la apretó contra su pecho, le costó reaccionar pero se mantuvo firme.
-Esto vale mucho más que una vaca, de estas semillas crecerá una planta enorme que nos elevará hasta al cielo.
-!Cielo santo, Jack! Acabas de perder lo poco que teníamos y todo por... por...
-Pero el que me las vendió dijo que vio un castillo enorme y un gigante y...
Su padre contuvo las lagrimas y las ganas de darle un guantazo. Se marchó hacía la cabaña.
-¿Entonces no te importa que las plante?
-¡Haz lo que te salga de las pelotas, Jack!

Al llegar a casa trata de explicárselo a su esposa.
-¡Este Jack es tonto! ¡Acaba de cambiar la vaca por unas semillas mágicas que te llevan al cielo, donde hay castillos encantados y gigantes!
-¿Cómo? ¿Y qué ha hecho con esas semillas?
-Pues le he dicho que las plantase, que hiciese lo que le diese la gana, total...
Una bofetada le corta la frase.
-Flotar hasta el cielo, gigantes... ¡El único tonto eres tú! No sólo no te das cuenta de que el chico ha cambiado la vaca por marihuana, ¡además dejas que la plante en el jardín!




